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Trastornos de la personalidad (TP)

 

La característica diferencial de los trastornos de personalidad es la fosilización de los rasgos del carácter, de modo que la persona los experimenta con “normalidad”, los considera algo propio, egosintónicos, no los vive como patológicos salvo en los breves momentos en que observa el sufrimiento y fatalidad de su entorno afectivo (familia nuclear comúnmente). La desconexión de la persona con estos rasgos lo alejan de la realidad hasta bordear cierta ideación delirante. Los pacientes afectados de TP no consideran que su comportamiento genere problemas (“Es el mundo el que tiene problemas”).

 

Existe un patrón de comportamiento (pensamientos, sentimientos, sensaciones) duradero e incompatible con la sociedad que rodea al individuo.

 

Este patrón incluye problemas afectivos (duración, intensidad, variabilidad), de cognición (el modo en que el individuo mira e interpreta su propia persona y el ambiente), de control de los impulsos y de relaciones interpersonales. Este patrón es fijo y afecta a la vida social y personal de la persona. Suele ser su entorno el que lo impulsa a ser tratado, en ocasiones por problemas administrativos o legales.

 

Todos tenemos rasgos de la personalidad. Los TP son acumulación de rasgos que se han vuelto extremadamente rígidos y actúan para dificultar la vida al individuo, comprometen su desempeño diario. Estos patrones de comportamiento y pensamiento se inician desde una fase temprana de la edad adulta y se han podido reconocer en el individuo ya al finalizar su adolescencia.

 

La personalidad incluye rasgos que en forma moderada son diferencias en personas normales (introversión, extroversión, excentricidad, rigidez, seducción, aseguramiento,…) pero se extreman en quienes padecen los trastornos, y acceden por ello a ser tratados en consulta.

 

Un TP no es el problema nuclear si existe una disfunción del estado del ánimo u otras afectaciones que lo explican mejor. Por ello, en consulta se examinarían antes otras áreas de intervención antes de evaluar un posible TP. Es necesario asegurarse que los síntomas del paciente han estado presentes por lo menos desde el inicio de la edad adulta (antes de los 15 años en el caso del TP antisocial). La familia puede aportar información en este sentido y es de utilidad escuchar su testimonio en consulta.

 

Las diferencias que se abordan a continuación son pequeños matices que en ocasiones solapan unos grupos de otros. El tratamiento debe ser prolongado, dada la rigidez comentada, y es la única excepción al objetivo de psicoterapia breve que se hace en el apartado de presentación del Gabinete Médico.

 

Trastornos de la personalidad del grupo A

 

Las personas con TP del grupo se muestran retraídas, frías, suspicaces.

 

Paranoide. Estas personas son suspicaces y se ofenden con facilidad. Tienden a confiar

poco y pueden imaginar que afirmaciones inocuas o inocentes tienen significados ocultos. Muestran de forma muy rígida poca confianza y sospechan permanentemente de otras personas. Las sospechas son injustificadas, excesivas, pero debido a su temor a ser explotados, no confían en aquéllos cuyo comportamiento tendría que haber merecido su confianza. Identifican significados ocultos en los comentarios y las acciones positivas, interpretan eventos para ellos/as malévolos o indeseables como consecuencia de otra persona ha perpetrado una acción premeditada y deliberada. Tienden a albergar resentimiento durante mucho tiempo, o por siempre.

 

Tienden a ser rígidos/as y prejuiciosos/as, y pueden tener una necesidad desorbitada de no necesitar nada ni a nadie. Personas frías, calculadoras y desconfiadas, evitan tanto la culpa como la intimidad. Tensos y con dificultad para relajarse durante una conversación espontánea y relajada. Este trastorno tiende a generar dificultades laborales: los pacientes con TP se centran tanto en la importancia, el prestigio y el poder que con frecuencia muestran dificultades para la convivencia laboral.

 

Esquizoide. Estas personas tienen poco interés en las relaciones sociales, cuentan con emociones limitadas y limitantes y parecen indiferentes a la crítica o a los cumplidos y piropos. Tienden a la soledad, evitan las relaciones interpersonales y la amistad.

 

Las personas con trastorno de la personalidad esquizoide (TPE) se muestran indiferentes a hablar con otras personas. Son solitarios de “toda la vida”, con emocionalidad pobre, parecen insociables, fríos y huraños.

 

Los individuos con TPE pueden tener éxito en empleos solitarios (fareros, por ejemplo). Pueden soñar despiertos en exceso, tener gran apego a los animales y con frecuencia no existe vinculación de pareja.

 

Esquizotípico. Las relaciones interpersonales son tan difíciles para estos individuos que otros los consideran demasiado ‘peculiares’ o ‘extraños’. Carecen de amigos cercanos y se sienten incómodos en las situaciones sociales. Suspicaces, tienen percepciones o pensamiento ‘raros’, lenguaje excéntrico y muestran su afecto de forma incomprensible.

 

Desde una edad temprana los pacientes con trastorno de la personalidad esquizotípico (TPET) tienen deficiencias en las relaciones interpersonales que reducen en gran medida su capacidad para unirse a otros con lazos de amistad, amor o muestras de ternura. Tienen pensamientos, percepciones y comportamientos excéntricos. Con frecuencia están ansiosos en grupo, no tienen amigos cercanos. Pueden ser suspicaces y supersticiosos. Entre las características llamativas de su pensamiento se

encuentran el pensamiento mágico y la creencia en la telepatía o en otras ‘modalidades’  de comunicación. Estos pacientes pueden hablar acerca de sentir una “fuerza” o “presencia”, o tener un lenguaje vago, divagan, se abstraen, pobres de vocabulario o con palabras ‘raras’.

 

Muchas de estas personas encuentran deprimidas al llegar por primera vez a la consulta. Sus ideas excéntricas y su estilo de pensamiento puede llevarlos a acercarse a sectas y grupos de manipulación o de “lavado” de cerebro. Sus relaciones con otros son malas.

 

Si bien su comportamiento es extraño de forma estable, a veces se emparejan.

 

Trastornos de la personalidad del grupo B

 

Los afectados por TP del grupo B tienden a ser melodramáticos, susceptibles y a buscar atención; sus estados de ánimo son variables, impredecibles, banales y frívolos. En muchas ocasiones tienen conflictos interpersonales intensos.

 

Antisocial. Existe un comportamiento irresponsable y con frecuencia con consecuencias legales que comienza en la niñez o la adolescencia temprana, con absentismo escolar, se escapan de casa, crueldad, peleas, daños, falsedad de documentos y hurtos/robo. Además de este comportamiento, como adultos son insolventes cuando se endeudan y tienen comportamiento irresponsable en otras esferas, actúan de manera impulsiva y no muestran remordimiento por sus actos.

 

Limítrofe. Son personas impulsivas con conductas que les generan daño (encuentros sexuales de riesgo, gastos excesivos, consumo exacerbado de sustancias o alimentos).

 

Con un afecto inestable, en muchas ocasiones muestran ira intensa y poco predecible. Se sienten vacíos, no toleran la monotonía e intentan evitar de manera frenética el abandono. Sienten incertidumbre en torno a quiénes son, y carecen de la capacidad para mantener relaciones afectivas estables y equilibradas.

 

Las personas con TP limítrofe (TPL) parecen inestables, se apegan con intensidad anormal a otros, desarrollan ira u hostilidad cuando piensan que son ignorados o maltratados por las personas de las que dependen emocionalmente.

 

Pueden tratarse de manera impulsiva, lesionarse o mutilarse; estas acciones son expresiones de ira, como gritos de ayuda o intentos de dejar de percibir su dolor emocional.

 

Los cambios intensos y rápidos de su estado del ánimo, su impulsividad y sus las relaciones interpersonales inestables dificultan una actividad social, laboral o escolar y de estudios normalizada.

 

Estos pacientes viven por tanto en una situación muy complicada de estado de ánimo. Variable y lábil, el sentimiento de vacío hace muy complicadas sus relaciones interpersonales.

 

Su sentido de quienes son no es percibida clara. Tienen una identidad y autoimagen fragmentada e Insegura, existen vacíos en su personalidad, núcleo fundamental del tratamiento terapéutico, que les lleva a apegarse con intensidad y luego rechazar a las mismas personas. Es quizá para los profesionales una de las dificultades de mayor alcance.

 

Pueden tratar de manera frenética de evitar un abandono, que puede ser real o no. Su impulsividad y falta de control de impulsividad puede inducirles a lesionarse o participar en otras conductas peligrosas, incluida promiscuidad sexual, gastos desmedidos, atracones alimentarios o conducción temeraria.

 

Los cambios intensos y rápidos del estado de ánimo pueden generar una ira inapropiada y no controlada.

 

Histriónico. Personas en extremo susceptibles, desesperados/as por obtener atención, este tipo de personalidad patológica necesitan reafirmar en forma constante la forma física de aparecer ante los demás. Egocentrismo y seducción como medio de construir la vinculación con las personas de su entorno.

 

Los pacientes con TP histriónico (TPH) tienen un patrón estable de búsqueda extrema de atención y emotividad. Estas personas satisfacen su necesidad de encontrarse en el “centro del escenario” por dos vías principales: (1) intereses y temas de conversación se concentran en sus propios deseos y sus actividades; (2) llaman la atención de manera continua sobre sí mismos y su propia conducta.

 

Preocupación patológica por el atractivo físico (el propio y el de otros, en lo que se relaciona con ellos). Su necesidad de aprobación puede inducirles a comportamiento seductor inapropiado.

 

La inseguridad es un rasgo permanente, buscan de manera constante la aprobación de otras personas. La dependencia de otros puede hacer que sus estados de ánimo parezcan banales. Tolerancia baja a la frustración hace recordar estadios de carácter infantil.

 

Rápidos para establecer amistades nuevas, los individuos con TPH también se vuelven demandantes con rapidez. Debido a que confían y se influye sobre ellos con facilidad, su comportamiento puede parecer errático. No piensan en forma analítica, de tal manera que tienen dificultad para realizar tareas que requieren pensamiento lógico sostenido.

 

Pueden tener éxito en empleos en los que prima la creatividad e imaginación. Pueden tener etapas muy productivas en sectores concordantes de actividad y solicitar ayuda terapéutica por recomendación de sus jefes de recursos humanos por la rigidez en sus pautas de conducta.

 

Narcisista. Estas personas centran sus vidas entorno al éxito personal y con frecuencia muestran desasosiego por frustración, envidia, fantasías de éxito o rumiación en torno a la singularidad de sus problemas.

 

Aparecen con actitud prepotente y su falta de compasión que pueden llevar a aprovecharse de otros.

 

Rechazan las críticas y necesitan atención y admiración constantes.

 

Las personas con TP narcisista (TPN) tienen un patrón de grandiosidad (de la conducta y de sus fantasías), voluntad de ser admirados y ausencia de empatía.

 

Estas actitudes afectan a la mayor parte de sus actividades y ejes de vida.

 

Se consideran especiales, son individuos que se muestran altivos, a menudo exageran sus logros de forma que hacen recordar etapas infantiles de desarrollo y consolidación de la personalidad.

 

Cuando critican pueden ocultar su tensión con una fachada de indiferencia.

 

A pesar de sus actitudes de grandeza, las personas con TPN tienen una autoestima frágil y con frecuencia consideran en la privacidad de su autorreflexión que carecen de valía. Incluso en las ocasiones en que tienen un éxito personal importante, pueden sentir que son un fraude o que no lo merecen.

 

Son extremadamente sensibles a lo que otros piensan acerca de ellos y necesitan recibir cumplidos. Suelen acudir a terapia en fases de deterioro personal o profesional cuando se entremezclan problemas depresivos o trastornos del estado del ánimo.

 

Tan sensibles como son en torno a sus propios sentimientos, no son permeables a la emocionalidad y las necesidades de los otros. Tampoco pueden ejercer empatía de forma real, actúan “como-si” entendieran la forma de sentir del otro, en paralelo a su ocultamiento de la verdad y ambivalencia respecto sus propios errores. Los pacientes con TPN con frecuencia fantasean con un éxito arrollador y envidian patológicamente a quienes lo han logrado. Pudieran elegir amigos que piensan que pueden ayudarles a obtener lo que desean. El desempeño laboral puede resentirse debido a los problemas interpersonales o mejorar (por

su impulso eterno hacia el éxito).

 

Trastornos de la personalidad del grupo C

 

Una persona con un TP del grupo C tiende continuamente a mostrarse ansiosa y tensa, con frecuencia tienden al control extremo de factores de vida incontrolables.

 

Evitación. Es un patrón estable de comportamiento. Personas tímidas que se sienten heridas con gran facilidad por las críticas, temen a la vergüenza de su propia emocionalidad y expresarse de forma congruente. Pueden carecer de amigos cercanos y exagerar los riesgos que implican actividades no rutinarias.

 

Las personas con TP por evitación (TPPE) consideran que son inapropiadas. Son en extremo sensibles a la singularidad de una crítica personal aunque sea constructiva y bienintencionada. Estas características se presentan a lo largo de toda la vida adulta y afectan la mayor parte de los aspectos de su vida cotidiana.

 

Su sensibilidad a la crítica y la desaprobación hace que estas personas sean modestas en extremo y estén dispuestas excesivamente a agradar a otras, lo que puede dar origen a un aislamiento social intenso. Pueden malinterpretar como críticos comentarios banales; con frecuencia rechazan vínculos interpersonales a menos que estén seguras de que serán explícitamente aceptadas. Excepto por su núcleo familiar primario (progenitores, hermanos o hijos), tienden a no tener vinculación social.

 

En caso de desarrollar actividad o vinculación afectiva pueden requerir atención terapéutica ante episodios de depresión o ansiedad si pierden sus sistemas de apoyo.

 

En ocasiones este trastorno se relaciona con alguna enfermedad que afecta la autoimagen por enfermedades que desfiguraron el físico de la persona. Se puede confundir con el trastorno de ansiedad social.

 

Dependiente. individuos que requieren aprobación de otros de forma sostenida y patológica, tienen dificultad para tomar decisiones por sí mismas o iniciar proyectos; incluso pueden mostrar acuerdo con personas que desaconsejan actividades claramente beneficiosas para su propio crecimiento y desarrollo personal. Temen al abandono, se sienten desamparados cuando están solos/as y se sienten abatidos cuando las relaciones terminan.

 

La crítica los hiere con facilidad, e incluso, se ofrecen de manera voluntaria para realizar tareas desagradables con la finalidad de agradar y ganar el favor de otras personas.

 

Los individuos con TP dependiente (TPD) sienten la necesidad de ser cuidados. Debido a que temen la separación desesperamente, su comportamiento se vuelve tan sumiso y empalagoso que pueden llevar a que otros se aprovechen de su fragilidad. Extremadamente ansiosos si se les coloca en una posición

de liderazgo, se sienten desamparados e incómodos cuando están solos.

 

Evidentemente tienen dificultad para tomar decisiones. Estos pacientes tienen dificultad para iniciar proyectos y mantenerse en actividades autónomas, aunque pueden tener buenos resultados bajo la dirección y supervisión de otra persona. Tienden a menospreciarse y están de acuerdo con personas que señalan que han cometido error. Pueden tolerar un abuso (incluso físico).

 

Obsesivo-compulsivo. El perfeccionismo y la rigidez caracterizan a estos individuos. Con frecuencia son adictos al trabajo, tienden a ser indecisos, son escrupulosos en extremo y se preocupan patológicamente por los detalles. Insisten en que otras personas actúen del mismo modo, con la misma rigidez.

 

Las personas con TP obsesivo-compulsivo (TPOC) son perfeccionistas, el orden constituye el centro de su vida. Necesitan ejercer un control interpersonal. Estos rasgos persisten a lo largo de la vida, a expensas de eficiencia, flexibilidad y cercanía empática.

 

Muchos pacientes con TPOC no presentan obsesiones o compulsiones, aunque algunos en forma eventual desarrollan TOC (ver Área de Intervención correspondiente).

 

Se trata de un perfeccionismo rígido con frecuencia acompañado de indecisión, inquietud por el detalle, escrupulosidad e insistencia en que otros hagan las cosas de la misma manera. Estas conductas pueden interferir con su eficacia en el trabajo o en situaciones sociales.

 

Con frecuencia parecen deprimidos, momento en el que pueden acudir a terapia. En ocasiones estos individuos son avaros; pueden guardar todo y rechazar, incluso, a deshacerse de objetos inútiles que ya no necesitan. Pueden tener dificultad para expresar afectividad.

 

Los pacientes con TPOC realizan listas de comprobación de forma desproporcionada, administran mal su propio tiempo, necesitan planear de manera meticulosa y desproporcionada actividades de ocio y placer. Por ejemplo, pueden planear sus propias vacaciones con el objetivo de posponerlas por falta de precisión de algún detalle menor. Se resisten a la autoridad de otros, pero insisten en el valor de la propia. La moral y/o religión puede ser una forma de vida concordante con un TPOC.